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Falocentrismo, slasher y realidad en Teenage Sex and Death at Camp Miasma

hace 15 minutos
3 min de lectura

Jane Schoenbrun nos adentra en un mundo de falos y sangre para cuestionar las ideas tradicionales que hemos construido alrededor del deseo y el placer sexual.


Fotograma: Teenage Sex and Death at Camp Miasma
Fotograma: Teenage Sex and Death at Camp Miasma

Cuando hablamos de falocentrismo y slasher, inevitablemente tenemos que remontarnos a los años 80, una de las décadas de mayor auge del género. En estas películas era común encontrarnos con un monstruo o asesino persiguiendo a una mujer (muchas veces construida como la más puritana del grupo) mientras cargaba una laaarga arma afilada con la que atravesaba a diestra y siniestra al resto de los personajes. Todxs, claro, excepto la famosa final girl.


La académica Carol J. Clover, en su libro Men, Women, and Chain Saws: Gender in the Modern Horror Film, analiza el cine de terror de bajo presupuesto y señala que las armas utilizadas por los asesinos suelen ser objetos alargados y punzantes, como cuchillos o taladros, que funcionan como extensiones del cuerpo y adquieren una evidente carga fálica al penetrar los cuerpos de sus víctimas y ahí entra Teenage Sex and Death at Camp Miasma.


Nancy Thompson, la final girl en A Nightmare on Elm Street.
Nancy Thompson, la final girl en A Nightmare on Elm Street.

El nuevo filme de Jane Schoenbrun narra la historia de Kris, una cineasta queer contratada para dirigir el reboot de la franquicia Camp Miasma. Durante el proceso se obsesiona con encontrar a Billy, interpretada por Gillian Anderson, la final girl de la película original.


Regresando a Clover, a lo largo del filme vemos a Little Death (un nombre que, por cierto, remite a la petite mort, expresión utilizada para referirse al orgasmo) persiguiendo a sus víctimas con una larga lanza afilada. Cada asesinato parece convertirse casi en un acto placentero, Little Death entra en una especie de trance mientras apuñala y la sangre brota a chorros de los cuerpos de manera exagerada.


Y es ahí donde Schoenbrun comienza a jugar directamente con penetración, muerte y orgasmo.


En un momento, Kris le confiesa a Billy que el sexo parece ser algo natural para las demás personas, pero no para ella. También revela que una de sus fantasías es ser atravesada por Little Death. La imagen lleva al extremo esa asociación fálica del slasher: Kris no fantasea únicamente con ser penetrada por Little Death, sino, en cierto sentido, con ser alcanzada por la pequeña muerte, con llegar a ese clímax que parece resultarle tan ajeno fuera de la fantasía.


A partir de ahí, Billy y Kris comienzan a redefinir qué significa el placer para ellas. Un placer que puede existir fuera de esa idea, reforzada durante años tanto socialmente como desde el entretenimiento, de que una relación sexual gira necesariamente alrededor de la penetración.


Little Death en Teenage Sex and Death at Camp Miasma.
Little Death en Teenage Sex and Death at Camp Miasma.

Y si bajamos esa ficción a números reales, la discusión adquiere otra dimensión. Un estudio publicado en la National Library of Medicine, realizado con una muestra de 1,055 mujeres estadounidenses de entre 18 y 94 años, encontró que solo el 18.4 % señaló que la penetración por sí sola era suficiente para alcanzar el orgasmo, mientras que el 36.6 % indicó que necesitaba estimulación del clítoris durante el coito. Entonces, ¿por qué seguimos colocando la penetración en el centro de nuestra imaginación sobre el sexo?


Con opiniones bastante divididas alrededor del filme, Schoenbrun consigue, al menos, abrir esa conversación. No solo sobre el falocentrismo presente en el slasher, sino sobre las expectativas que hemos construido alrededor del sexo y del placer, impuestas socialmente y reforzadas una y otra vez por las imágenes y el entretenimiento que consumimos.


Y al menos para mí, de eso también se trata Teenage Sex and Death at Camp Miasma, de tomar toda esa imaginería, el cuchillo, la penetración, la final girl, la sangre, el orgasmo y preguntarnos qué pasa cuando dejamos de aceptar su significado como algo dado y empezamos a redefinirlo desde nuestro propio placer.


Cuéntame qué te pareció y si aún no la has visto, te dejo el tráiler.



 
 
 

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